Madrid Music Hall.
Dedos deslizandose sobre blanco y negro, me hicieron soñar, la vibración de la melodía erizaba mi bello, y poco a poco me hicieron volver a aquella época en la que los cuentos me ayudaban a dormir. Una voz comenzó a narrar y la percusión daba el corazón que toda historia necesita. De repente unas lágrimas brotaron de mis ojos, y la cadencia entró en mí. Un reino de Hadas se dibujó en mi mente, y la armonía me llevó de paseo allá dónde habitan los sueños. El coraje es necesario para vencer nuestros miedos, la perseverancia consigue grandes resultados, hay que valorar a las personas por lo que realmente son y no por lo que aparentan. Los acordes se apoderaron de mi ser, llenaron mi alma y al sonar el “Vals de las flores” no pude más que sonreír por aquel prodigio que acababa de presenciar.
Enrique, Alicia, Clara y José dieron vida a “El Cascanueces y el rey de los ratones” el viernes pasado en el Madrid Music Hall, una asociación sin ánimo de lucro cuyo fin principal es el arte, tanto acercarlo a las personas que menos posibilidades tienen de llegar a él, cómo para dar a conocer y fomentar a las nuevas generaciones de artistas. Ofrecen actuaciones los jueves, viernes y sábados de gran nivel profesional. Marta y Antonio sus fundadores, lo tienen claro, la música es un pilar fundamental para el desarrollo personal, ya sea haciendo o disfrutando. Marta es concertista a nivel nacional e internacional, además de ejercer labor pedagógica, y Antonio es amante del canto, del piano y batería en dos bandas de rock de Madrid.
Cuándo el jueves me dijeron que si quería ir a un concierto de música clásica, no lo dudé, sí. Me empapé del local, lo que hacían y su forma de trabajar, y me gustó más aún la idea de acudir al día siguiente. El viernes, según llegué, en la puerta estaba uno de sus fundadores, yo no lo sabía. Su expresión se leía, ¡y eso que llevaba mascarilla!, sus ojos hablaban solos, tenían un brillo especial, de esos que transmiten alegría y regalan ilusión. Subí a la sala de concierto y me acomodé. El local cuenta con salas de estudio, aulas para impartir clases individuales o colectivas, una sala polivalente con un piano de media cola ideal para ensayos de agrupaciones grandes, coros, danza, teatro… y un auditorio con en este caso dos pianos de cola cedidos por Kawai, cosa que me impresionó.
Se apagaron las luces y los artistas nos impresionaron. Su capacidad resiliente solo consiguió que los admirásemos aún más. La narradora por el motivo que ya es habitual entre nosotros, ser positivo, no pudo acudir, pero aún así, ahí estaba su voz igualmente. ¡Lo hicieron posible! y realmente el primer párrafo es lo que me hicieron sentir. Enrique y Alicia eran capaces de transmitir mil emociones en una única pieza, y según iba avanzando el concierto, el calor del cariño que ponían al tocar inundó mi corazón y abrió mi alma. Y sí, lloré, lloré de recordar, lloré por soñar, por ilusionarme, lloré porque cuando alguien ama lo que hace, lo hace bien, y lo hace de corazón, te contagia.
Al acabar el concierto, no pude más que dar la enhorabuena a los concertistas por su maravilloso número, y a Marta, fundadora por haberme dado a conocer un proyecto tan maravilloso. Ojalá alguien de los que leáis esto os dejéis caer por la calle Isla de Arosa 20 en el Barrio de El Pilar, y disfrutéis de las maravillas que ofrecen, porque gente buena, haciendo cosas espectaculares, deben ser conocidos y secundados.
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