El encuentro.

Ella.

No entiendo nada, por no entender no me entiendo ni a mi misma. Esta bipolaridad sentimental me hace no ver dónde está la realizad, viajando de un polo al opuesto. ¿La margarita funcionaría?, ¿La respuesta estaría en el azar?, ¿o cogería una a la que contara los petalos y supiera cuál va a ser la resolución?. Quizá así sepa que quiero, provocando al destino que me dé la respuesta de mi profundo deseo. De repente todo es maravilloso a su lado, vivimos en las nubes saltando de una a la otra entre Kinder Bueno, Sushi y uvas sin pepita. Lo que más me gusta de él, el sonido de su risa, es música, alegra hasta los momentos más tristes. Pero en ocasiones dudo y si dudas, ¿es por miedo, o por que lo que sientes no es del todo sincero?

Creo que él está igual. Por que de repente no hay nadie más en el mundo, soy su prioridad, me lo demuestra, sus ojos me lo dicen y sus manos me acarícian con una ternura única. Pero hay ocasiones en las que su espacio nos come terreno y me veo apartada. Obvio que cada uno tenemos mil cosas que hacer, pero si no las comparte conmigo, quizá es porque no esté convencido de mi. No me refiero a hacerlo todo juntos, me refiero a que creemos conversaciones de aquello que nos hace sentir vivos. Cada uno tiene sus aficiones, y quehaceres, pero al igual que si pasa algo malo te desahogas, ¿porque no va ser igual con lo bueno?

No sé que hacer. Por un lado quiero que esto se acabe, pero por otro estoy tan cómoda con él, me hace sentir especial y me da tanta paz, que no me veo capaz de dar carpetazo. Pero no quiero echar el ancla, quiero seguir navegando, ahora bien, ¿sola o con él? Estoy convencida de que es él, la persona que tantos años he estado esperando, y ha aparecido de la manera más natural y bonita que se puede pedir, desde una amistad. Que mis sentimientos son sinceros y que quizá sí sigamos así le ponga el nombre de amor. Sé que si no es él, no voy a llegar al mismo nivel de complicidad y comunicación con nadie más, pero ¿aguantaré el vaivén del oleaje hasta que decidamos el rumbo?.


Él.

Me ha roto los esquemas. Es ella. Lo sé. Es tan perfecta hasta en sus defectos que me da vértigo. Lo que más me gusta de ella, es cuando está contenta, apagas la luz, y aún así sabes dónde está porque brilla, y no creo que sea únicamente porque es una friki y lleva grabada a fuego la frase: «La felicidad se puede encontrar hasta en los más oscuros momentos, si somos capaces de usar bien la luz». Ver la felicidad en sus ojos es algo que hace feliz a los demás, al menos a mi me hace muy feliz, me hace sentir la persona más afortunada del planeta. Es mi guerrera, quiero cuidarla tanto que por fin sea consciente de todo lo que vale. No quiero que vuelva a tener heridas en su alma.

Pero tengo miedo. Jamás imaginé que esto me fuera ocurrir. Estaba tan convencido de que quería estar solo un tiempo, disfrutando mis aficiones, haciendo mis viajes, reconociendome, que esto me ha pillado con la guardia baja. Necesitaba tiempo para mi, y hasta que no esté bien conmigo mismo no puedo empezar una relación, pero ¿me esperará? No se lo puedo pedir, pero ojalá sí. Quiero estar preparado para darle el 100%, porque no merece menos.

Sé que la puedo perder por mis comportamientos contrarios, pero no puedo ser yo e ilusionarla y luego no dar el paso. Ahora mismo no lo quiero dar. ¿Y si la pierdo? No lo quiero ni pensar. Dolerá. Que caprichoso es el destino. ¿Nos juntará?, ¿Habrá un momento en el que ambos rodemos sobre la misma ruta, haciendo las mismas paradas y ayudándonos a ajustarnos los equipos para continuar juntos?.

El encuentro.

Lo que sí tengo claro es que quiero seguir conociendonos, hasta donde me deje o hasta que nos cansemos.



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