Cuándo no salen las palabras
Cuando no salen las palabras, los actos son impulsivos, sin sentido y de autoprotección. Tanto es así que luego puedes no entender el porqué de los mismos, y arrepentirte a niveles estratosféricos de ese sin sentido que has provocado. Solamente huyes como un cobarde porque no tienes otra manera de ocultar que vas a romperte, que vas a derrumbarte por falta de herramientas, porque tu autoestima va bajando al inframundo mientras tu cuerpo actúa de una manera animal. Porque tienes tan poca confianza en ti mismo y tienes tantísimo miedo a herir a los demás que sólo puedes volar del lugar, rápido sin pensar. Aunque un simple abrazo, una palabra amiga o una caricia calmarían esa involuntaria precipitación al vacío.
Estoy un poco harta de vivir en un mundo del que no sé salir, que tiene siempre que alojarse en un futuro incierto o inexistente. ¿Por qué? Si el presente que estoy viviendo es increíble. ¿Para qué quiero un futuro que no sé si voy a llegar a disfrutar, en lugar de dejarme llevar y ser feliz? Por qué cuando soy yo, en mi ahora, y en mi momento soy realmente feliz, soy la persona más dichosa del planeta. Y es una sensación tan grande que se me escapa de las manos y la quiero compartir con todo el mundo. Quizá ahí es cuando vuelve a aparecer el señor futuro, y por un constructo social mamado necesito una etiqueta, algo que me asegure que va a ser para siempre. Aunque también sé que esa etiqueta no confirma nada. Y así el círculo vicioso se cierra, con un estado de felicidad actual que quiero perpetuar y al pensar en el futuro me entristezco y caigo en la pérdida de consciencia de mi presente tirándolo por la borda.
Cuándo no salen las palabras, se te agolpa una sensación horrible en la garganta, y sientes que solo quieres amar, pero sin esta camisa de fuerza que te obliga a no dejarte llevar. Lágrimas corren por mis venas en pro de la impotencia que me genera no poder gritar a los cuatro vientos que soy feliz contigo. Cada día que pasamos juntos estoy más segura de que la decisión correcta es junto a tí. Vivir a nuestro ritmo, sin horarios, sintiendo lo que hacemos y disfrutando cada segundo. Hay personas que son hogar, ahí donde reside nuestro corazón y estoy segura de que tu eres el mío.
Que cruel es la vida que, cuando mejor quieres hacer las cosas, peor te salen. Caprichosa ella que lleva por senderos de los malos entendidos. Las palabras toman vida propia, sonando en claves que no son la de la melodía de nuestra unidad, y nuestras acciones contradicen el brillo de nuestros ojos y la necesidad de nuestra piel de pegarse. Me cuesta expresar lo que siento, sí, y a veces parece que actuó en relación a unos principios que no son los míos, con sentimientos que no son los que se hallan en mi corazón, por falta de seguridad en mi misma, pero lo que me sobra es seguridad en nosotros. Día a día me demuestras que esto está vivo, y las ganas y fuerzas que tienes en pro de mantener mi alegría me hablan más que las palabras, pero jodida inseguridad que nos hace necesitar un contrato verbal para creer.
Cuando no salen las palabras te conviertes en una pequeña niña malherida, tierna y asustada. Qué tan difícil es amar cuándo el sentir es tan inmenso que ya no hay marcha atrás. “Lo siento cariño, jugaste con fuego”, me dijeron, Y me quemé, y agonizando espero el toque final, el último cuchillo, para sentir mi último aliento y así abrazar al despertar a este sueño tan intenso, tan perfecto, tan bonito, tan sincero, porque lo siento, yo sí que te he querido. Me duele tan solo el pensar todo lo que he hecho mal por no saber hablar. Ojala no dañarte más, solo acariciarte y decirte que la vida es una, disfrutemosla como ambos queremos, juntos. Pero maldita lengua viperina que tiene vida propia.
Halo de esperanza embriágame con tu luminosidad, dame una guía, muéstrame el camino. Ayúdame a apreciar el tiempo, y que su paso sea agradable, enséñame a esperar. Paciencia necesito, pero, ¿cómo la consigo?
“Felicidad intermitente, aprovecha tu presente”
Shotta - Felicidad ft. Morodo.

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